sábado, 19 de abril de 2008

Los partidos en España: I - El partido de la derecha

Comienzo hoy con un pequeño repaso a los partidos que tenemos en nuestra España. Que sea el PP el primero en desfilar no tiene ni siquiera una razón geométrica: es que me encuentro un tanto perezoso y prefiero empezar por lo más simple. Y conste que la simpleza no tiene en sí misma ni virtud ni desde luego vicio, sólo es simpleza. ¿Por qué le atribuyo esa cualidad? Intentaré aclararlo. En el reciente proceso electoral ha culminado de salir la esencia del mensaje popular: Zapatero es malo para España y debemos sustituirlo, evidentemente nosotros. Aunque yo pueda estar de acuerdo con la premisa de la ineptitud, no pasan de allí mis coincidencias. El Partido Popular está instalado en el poder en muchas de nuestras instituciones. Hace cuatro años terminó su período de gobierno, que duró dos legislaturas y una de ellas con mayoría absoluta. No voy a desgranar aquí el rosario de despropósitos que lo llevaron a perder las elecciones. Su ejecutoria en el poder fue una suma de aciertos y errores, actitudes prepotentes y, sobre todo, interés por conservarlo. Así, no importó que en Cataluña se iniciara la marginación del idioma español, tampoco que en el País Vasco se perdiera la solidaridad fiscal. La escasez o incluso ausencia de democracia interna propició episodios como la tan traída y llevada designación del sucesor de Aznar, eso sí, cuando tocaba. Lejos de analizar y mejorar el sistema autonómico, el partido se adaptó a él de forma egoísta, propiciando el nacimiento de los barones regionales. Estos se configuran como la mezcla del poder fáctico local (en algunos casos tremendos como en Galicia) con las bendiciones del aparato central (o las maldiciones en el caso catalán de Vidal Cuadras). Por otra parte, es justo reconocer que la sencillez también tiene una buena cara. Nada más sencillo y más noble que el ánimo valiente de quienes arriesgaron y arriesgan su vida allí donde el terrorismo la pone en peligro. Sin embargo, no consiguen poner en valor esa imagen ante toda la sociedad. Los estrategas populares insisten en conquistar un centro que se les escapa. Intentan una y otra vez estirar el partido como si de un chicle se tratara, sin renunciar al voto de la derecha tradicional. Esa forma de querer ganar terreno arrinconando al PSOE hacia la izquierda es un vano empeño, que les lleva a ellos a perder las elecciones y a nos condena a todos a un estéril bipartidismo. Así, como efecto secundario, se provoca el descontento generalizado en cualquier militante que quiera pensar y hacer política más allá del rechazo antes a Felipe, ahora a Zapatero y la adhesión aparentemente incondicional al líder popular de turno. ¿Es el PP un partido liberal? Mis amigos liberales dicen que no, aunque algunos militan en él. ¿Es de derecha conservadora? Sus mismos líderes lo niegan. ¿Qué aglutina al PP? Para los cargos, el poder serlo; para los votantes, el rechazo a Zapatero. ¿No es simple?

A la vista de lo anterior no es extraña su situación actual. Durante la campaña ha intentado capitalizar toda la oposición al gobierno saliente. Después de sacarle todo el jugo posible a tan simple mensaje vuelve a comprobar, como era evidente, que así no se ganan las elecciones. Si ha conseguido votos anti-Zapatero, también ha aglutinado en este el voto anti-PP. Jugar al bipartidismo le deja y le dejará siempre insatisfecho, igual que a su electorado. Es apostar todo o nada, reducir España a dos bandos y así todo lo que no sea formar gobierno es ver a su enemigo gobernar. El líder del fracaso ha decidido jugar a centrista de diseño y sin ideas otra vez más y su derecha se le rebela y con razón. Estirar tanto un partido puede romperlo. Este caldo de cultivo para las ambiciones latentes en sus filas, sumado a la falta de democracia interna, crea un extraño juego de apoyos al líder que pueden resultar tan cerrados ahora como efímeros dos meses después. Unos, como Esperanza Aguirre por querer ser lo que son, la derecha, y creer en ello. Otros, como Ruiz Gallardón por vislumbrar la oportunidad de recoger los restos cuando el jefe Rajoy por fin caiga, el caso es que la oposición no lo es ante el Gobierno sino más bien ante sí misma.

No hay comentarios: